En una pequeña provincia de Bélgica, voluntarios literalmente salvaron a un poni Shetland de una muerte dolorosa llevándolo a un refugio. El animal, al que llamaron Paulie, se veía desnutrido y descuidado, y sus cascos parecían más cuernos que patas.

El dueño del poni no había cuidado de su mascota, a pesar de que estos animales necesitan atención especial: su pelaje debe ser cepillado y cuidado, y sus cascos deben ser limados regularmente. Sin embargo, Paulie había sido mantenido en un establo sucio y llevaba mucho tiempo sin salir de allí. El dueño afirmó que no había sacado al animal en tres meses, pero era evidente que llevaba mucho más tiempo sin moverse ni ver la luz del sol. Los voluntarios concluyeron que había estado sin los cuidados necesarios durante diez años.

Los voluntarios encontraron al poni en un pequeño espacio lleno de excrementos. Sus cascos no habían sido cortados en tanto tiempo que se habían torcido en forma de espiral, alcanzando medio metro de largo y pareciendo gruesos cuernos. Esto dificultaba enormemente el movimiento de Paulie y había deformado sus débiles articulaciones. El cuerpo del poni estaba infestado de parásitos, su pelaje se caía en algunas zonas debido a una enfermedad de la piel y estaba enmarañado por la falta de cuidado.

El animal apenas podía moverse y pesaba poco más de 70 kilogramos, cuando su peso normal debería ser de hasta 200 kg. A pesar de la traición y el trato deplorable de sus dueños, el poni no había perdido la confianza en las personas: soportó pacientemente todos los procedimientos e incluso mostró afecto hacia los voluntarios que lo salvaron.







