Jen Bricker-Bauer vino al mundo sin piernas. Abandonada al nacer por su madre biológica, tuvo sin embargo la suerte de encontrar muy pronto una familia amorosa que la adoptó y la apoyó sin descanso.

Sus padres adoptivos siempre la alentaron a no tener miedo de intentarlo todo. Y Jen tomó ese consejo muy en serio. Desde pequeña, se destacó en varios deportes como el baloncesto y el voleibol. Pero fue en la gimnasia aérea donde realmente encontró su vocación.

Los diagnósticos médicos eran pesimistas: según los médicos, Jen no podría ni caminar ni siquiera sentarse sin ayuda. Pero con una determinación inquebrantable y el apoyo incondicional de sus padres, desarrolló una movilidad extraordinaria, llegando incluso a desplazarse con soltura sobre sus manos.

Fue a los ocho años cuando Jen descubrió su pasión por la gimnasia. En 1996, fascinada por los Juegos Olímpicos, seguía con admiración las actuaciones de Dominique Moceanu, su gimnasta favorita. Lo que aún no sabía era que esa atleta a la que tanto idolatraba era, en realidad… ¡su hermana biológica!

Esta revelación le dio un nuevo impulso a su camino. Jen entrenó con ahínco y acabó destacando en una disciplina en la que nadie esperaba verla brillar. Hoy es reconocida por sus actuaciones aéreas de una intensidad poco común, superando incluso a atletas sin discapacidades.

Ya adulta, Jen lleva una vida plena. Sigue practicando la acrobacia a un nivel alto, ha retomado el contacto con su familia biológica y mantiene ahora una hermosa relación con sus parientes de sangre.

Se ha casado con el hombre que ama y la pareja planea formar una familia. El recorrido de Jen es un testimonio vibrante de coraje, perseverancia y fe en uno mismo.
Una historia inspiradora para compartir sin moderación.







