Vlad siempre quiso una casa que fuera cómoda, impresionante y única en su clase. Pero materializar su idea requirió una paciencia increíble y un trabajo meticuloso. Le llevó diez años realizar su sueño, y hoy en día, su obra maravilla a todos los que la descubren.

¿El material principal? Botellas de champán, ¡un total de 8000! La recolección de estas botellas se convirtió en una verdadera aventura. Vlad las recuperó cuidadosamente de varios lugares: restaurantes, avenidas, basureros e incluso vertederos municipales.

Preocupado por la calidad del vidrio, optó por las botellas de los productores locales, conocidas por su grosor y resistencia.

Después de años de esfuerzo, su propiedad se transformó en una casa fascinante, con un espacioso balcón y dependencias bien acondicionadas. A pesar de la aparente fragilidad del material, la construcción es sólida y confiable. Vlad incluso asegura que sus paredes de vidrio resisten los choques químicos y las variaciones extremas de temperatura.

Pero lo más sorprendente es la atmósfera interior. En verano, la frescura recuerda a la de una bodega subterránea, y en invierno, contrariamente a lo esperado, la casa se mantiene cálida y confortable.

Incluso sin calefacción, las plantas colocadas en los alféizares de las ventanas no se congelan, y el aire siempre es agradable. Parece que la estructura particular de las paredes de vidrio juega un papel importante en la regulación natural de la temperatura.

Hoy en día, Vlad disfruta plenamente de su casa atípica, saboreando tanto su confort como el asombro de sus visitantes.







