Cuando el marido de Pam le propuso dormir en habitaciones separadas, ella sintió una oleada de dolor y confusión. Noche tras noche, los extraños ruidos provenientes de su habitación despertaron su curiosidad y la hicieron pensar en guardar el secreto.

Una noche, incapaz de soportar la intriga, Pam se dirigió hacia la puerta, preparándose para lo desconocido.
Observé a James guardar cuidadosamente sus cosas, colocando los objetos de su mesa de noche en una pequeña cesta de mimbre. Mi corazón se apretó con cada cosa que empacaba.

Cinco años antes, un accidente de coche me había dejado paralizada de la cintura para abajo, y desde entonces, James había sido mi apoyo inquebrantable. Sin embargo, ahora que se había mudado a otra habitación, era como si mi mundo se derrumbara de nuevo.
En las semanas siguientes, una inseguridad oscura me invadió. Quedándome despierta, escuchando los extraños ruidos provenientes de su habitación, mis pensamientos estaban asediados por dudas. ¿Estaba ocultando algo? ¿Estaba preparando su partida? ¿Peor aún, había otra mujer?

Esa noche, James y yo trabajamos juntos para terminar nuestros proyectos y hacer de nuestra casa un verdadero hogar.
Acostados uno junto al otro, entendí que el amor no reside en la habitación donde dormimos, ni en la distancia que nos separa. El amor es lo que estamos dispuestos a hacer el uno por el otro, los sacrificios que estamos dispuestos a hacer y los lazos que se fortalecen con cada prueba. Esa distancia, que tanto temía, era en realidad la prueba del profundo amor silencioso que James tenía por mí.







